viernes, 3 de julio de 2026

Empieza la cosecha en Almazul




Ya han empezado esta semana las primeras labores de cosecha por los campos de Almazul.

Poco a poco, las máquinas cosechadoras van entrando en las parcelas, levantando el polvo propio de estas fechas y dejando atrás los rastrojos que anuncian que el verano ya está metido de lleno en la estepa soriana.

Es una de esas imágenes que se repiten todos los años, pero que nunca son iguales. La cebada ya ha tomado ese color dorado que avisa al agricultor de que no conviene esperar mucho más, y el trigo, algo más tardío según las zonas, también va pidiendo paso.

Las tareas agrícolas se intensifican estos días. Las cosechadoras trabajan cuando el tiempo lo permite, los remolques van y vienen por los caminos, los tractores levantan la nube de tamo, y en las eras y naves se empieza a hablar de kilos, humedad, peso específico y precio.

También las aves que han vivido durante semanas entre la mies buscan ahora nuevo cobijo. Perdices, codornices, alondras y otros animales de la estepa ven cómo cambia el paisaje en cuestión de horas. Donde ayer había espigas altas, hoy queda el rastrojo bajo y amarillo.

La campaña de este año llega con sentimientos mezclados.

Al principio de la primavera se hablaba de una cosecha buena para Soria, aunque no tan extraordinaria como la del año pasado. Las lluvias de otoño e invierno habían dado esperanza y el cereal presentaba buen aspecto en muchas zonas. Sin embargo, el calor de mayo y junio, unido a la falta de agua en momentos importantes del granado, ha recortado bastante las expectativas.

En la provincia de Soria se llegó a hablar de previsiones cercanas a los 3.000 kilos por hectárea en trigo y unos 2.900 kilos por hectárea.


Queda por delante saber si la cosecha será de las que se recuerdan con alegría o de las que se despachan con un “para lo que pintaba, bastante ha sido”. En Almazul, como en tantos pueblos de Soria, el campo sigue marcando el calendario aunque cada vez haya menos manos dedicadas a él. Cuando empiezan las cosechadoras, se nota que el pueblo entra en otro tiempo: el del verano verdadero, el de los caminos blancos de polvo, las tardes largas, las naves abiertas y la conversación inevitable sobre si este año el trigo y la cebada han cumplido o se han quedado a medias.





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