Nuestro almazuleño Pepe, desde Córdoba, nos escribe esto en la conmemoración de la inauguración de la Fuente de la Plaza:
Uno de sus lugares emblemáticos, y del que Almazul puede presumir con orgullo, es su fuente, tanto por el lugar que ocupa, como por su encanto y, por supuesto, por el abundante caudal que arrojan sus once caños. Ninguna fuente de los pueblos de alrededor se atrevería a rivalizar con ella. En otros tiempos todas las familias debían acudir allí necesariamente con sus botijos, cántaros o cubos.
Además, en la fuente y sus inmediaciones concurrían tertulianos desocupados que, sin más pretensión que pasar el tiempo, se concitaban para hablar, en distendida conversación, de lo trascendente y de lo insustancial, del tiempo, de la cosecha pasada y de la que estaba por llegar, de los chismes y habladurías que circulaban por el pueblo y de otros dimes y diretes.
Hoy la fuente ha perdido el protagonismo de antaño, si bien mantiene el encanto de siempre. Desconocemos cómo era antes, pero su aspecto actual, aunque con mínimos retoques posteriores, data del año 1926.
El domingo, 27 de junio de ese año, tuvo lugar su inauguración, junto con el abrevadero y el lavadero, que resultó bastante más higiénico que el que anteriormente existía; estos dos últimos han permanecido hasta hace unas décadas.
El acto inaugural resultó simpático. Predominó la alegría del vecindario y el entusiasmo de la juventud. Las muchachas entonaron algunas canciones preparadas para la ocasión; muy pocos vecinos se perdieron ese momento. Hubo banquete de autoridades locales, en el que se departió en ambiente relajado y festivo, mostrando así su agradecimiento a los artífices de la fuente, los constructores Manuel Álvarez, Lucio Bodega y Celestino, de Serón.
Aparte de «El avisador numantino», otro periódico de la provincia, el «Noticiero de Soria», también se hizo eco de esta inauguración y calificó la obra «de gran importancia y trascendencia» para, según sus palabras, «este simpático pueblo».
En los años sesenta del siglo pasado fueron colocadas modernas fuentes en lugares estratégicos del pueblo. Es decir, se acercó el agua a las casas y muchas personas dejaron de bajar a la plaza en busca del líquido elemento. Estas fuentes intrusas, artificiales, dotadas de un único grifo, se surtían de la gran fuente de siempre, que, de alguna manera, ya empezó a sentirse sola.
Pocos años después, el agua que se había acercado a las casas acabó por introducirse en ellas. Todos acogieron con regocijo esa gran novedad: ¡Tenían agua corriente! En consecuencia, quedaron arrinconados los cubos, cántaros y botijos. Ya no hacían falta porque el agua llegaba sola. Fue entonces cuando aparecieron los cuartos de baño, las lavadoras… Y aquellas fuentes modernas, usurpadoras y foráneas, serían arrancadas de las paredes en que las colocaron y desaparecieron, cayendo en el olvido. Apenas tuvieron tiempo para quedar en la memoria de los almazuleños.
Definitivamente, la vieja fuente se sintió casi inútil, sola y abandonada. Hasta dejaron de acercarse los antiguos contertulios. Aunque sola en su soledad, hoy sigue manteniendo su monótona sinfonía de agua y guardando su sempiterno secreto: nadie en Almazul sabe de dónde viene el agua que mana su fuente.
Muchas gracias Pepe por tu aportación.
Expongo la noticia donde apareció
Para facilitar la lectura de la reseña, la transcribo al blog
Fuente: Biblioteca Nacional de Madrid.
Voy a transcribir la noticia del periódico para aquellos que ya les cueste leer la letra pequeña.
"Mejoras en Almazul.—Con gran solemnidad, se celebró en Almazul el pasado día 27, la inauguración
de una hermosa fuente abrevadero y un higiénico lavadero, resultando un acto simpático en el que
predominó la alegría del vecindario y entusiasmo de la juventud.
Hubo banquete de autoridades locales, canciones alusivas al acto por parte de las jóvenes y se dio un
voto de gracias para los constructores señores Manuel Álvarez, Lucio Bodega y Celestino, de Serón.
Cordialmente felicitamos al pueblo de Almazul por tan importante mejora. "
Postdata. Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a los trabajadores de la Biblioteca Nacional de Madrid, por la labor tan silenciosa (nunca mejor dicho, se escuchaba el silencio), constante y valiosa que realizan cada día. Gracias a su esfuerzo, documentos, periódicos y testimonios del pasado siguen estando vivos y al alcance de quienes buscamos conocer y conservar nuestra memoria. Su trato hacia mi persona ha sido formidable. Merece una visita, en Paseo de Recoletos, 20-22, Madrid.



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