domingo, 3 de mayo de 2026

Bendición de Campos en Almazul

La lluvia impide la procesión de la Bendición de Campos, pero no la devoción

Este año, como tantas veces ocurre en el campo, ha sido el cielo quien ha marcado el ritmo de nuestras tradiciones. La lluvia, persistente y generosa, ha impedido la celebración de la tradicional procesión de la Bendición de Campos, uno de esos actos sencillos pero profundamente arraigados en la vida del pueblo.

La coincidencia ha querido, además, que esta jornada tan señalada se celebre en el Día de la Madre, una fecha cargada de significado que, de alguna manera, también ha estado muy presente en el ambiente. Porque si hay algo que representa la madre es el cuidado, la entrega silenciosa y constante, ese estar siempre ahí sin hacer ruido, como tantas veces hace también la tierra.

A pesar de no haber podido salir en procesión por los caminos y cultivos, la esencia de esta costumbre no se ha perdido. La devoción sigue viva entre los vecinos, que han sabido mantener el espíritu de la jornada desde otro enfoque, con recogimiento y respeto. Igual que una madre cuida de los suyos sin necesidad de grandes gestos, nuestras tradiciones permanecen firmes incluso cuando las circunstancias obligan a cambiarlas.

Y es que, precisamente, la lluvia —causa de la suspensión— también es motivo de esperanza para el campo. Según los datos del SAIH, hoy han caído alrededor de 8 litros por metro cuadrado, que se suman a los 15 litros recogidos durante la jornada de ayer. Una aportación de agua que, lejos de ser un inconveniente, supone un alivio para la tierra en estas fechas.

No deja de ser curioso que, en el Día de la Madre, sea la propia madre naturaleza la que se haga presente de forma tan clara. Esa otra madre que, silenciosa y paciente, sostiene la vida, alimenta los cultivos y marca los tiempos sin atender a calendarios ni tradiciones humanas.

Así, lo que en un primer momento parecía un contratiempo, se transforma en una bendición distinta: no la que recorre los campos en procesión, sino la que cae del cielo y empapa la tierra. Una bendición que, en un día como hoy, nos recuerda que hay muchas formas de cuidar, de dar y de sostener.

Porque, al fin y al cabo, tanto las madres como la tierra comparten algo esencial: su capacidad infinita de dar vida.


 

 Fotografías de Félix.









 

jueves, 30 de abril de 2026

Tromba de agua en Almazul

Vídeo de Felix

En las últimas 24 horas se han registrado en Almazul 38,8 litros por metro cuadrado.

Durante la tarde de ayer, esta estación fue la segunda de toda la cuenca de la Confederación Hidrográfica del Ebro con mayor acumulación de lluvia en la jornada. Hoy ocupa la tercera posición en el cómputo de las últimas 24 horas.

En lo que llevamos de abril, ya se han acumulado 222 litros por metro cuadrado.

A pesar de la intensidad de las precipitaciones, el campo necesitaba con urgencia este “refresco” para aliviar los efectos de los últimos episodios de calor.

  

                                    Fuente: Saih Ebro.



lunes, 20 de abril de 2026

La fragua del tío Victor de Almazul por Valdegeña

El otro día, mi tocayo de Miñana, que lleva ya muchos años en Sabadell, me mandó una fotografía. Una imagen sencilla, pero de esas que, sin avisar, te llevan de golpe muchos años atrás.


 

Era una cerámica. Una de aquellas que, hace casi 35 años, salieron de Almazul para colocarse por las calles de Valdegeña. Esa cerámica era el recuerdo de la Fragua que había en la plaza, en ese mismo sitio se edifico el Centro Social, el gran fuelle se conserva en perfecto estado en el Salón Multiusos.

 

                                              Fuente: El Mundo

Y con ella, vinieron los recuerdos.

En aquellos años, el colegio de Almazul se juntaba con los demás colegios del Campo de Gómara, por la zona de Ágreda (menos los que iban a Gómara), para celebrar el Día del Árbol, cada 21 de marzo, en un pueblo distinto.

Para nosotros, aquello era algo especial. Salir del pueblo ya era toda una ilusión. Recuerdo a la sempiterna doña Caye al frente, como siempre, a los compañeros, y también a los padres, que se sumaban a la jornada en la Educación Compensatoria. Más que una actividad del colegio, era un día de encuentro, de caras nuevas, de compartir.

Era, sin saberlo, una forma de romper la rutina de pueblos pequeños donde casi todo se repite. Por un día, todo cambiaba.

Además, solía coincidir con ese momento en el que el campo daba un pequeño respiro. Y ese respiro también se notaba en el ambiente. Había tiempo para parar, para juntarse, para disfrutar.

Se hacían muchas cosas durante el día. Una de ellas fue la colocación de aquellas cerámicas por las calles de Valdegeña. Allí también estaba muy presente la figura de Avelino Hernández, hijo del pueblo, cuyos libros formaban parte de nuestra infancia, como “Una vez había un pueblo” o las historias de Silvestrito, que tantos leímos en la escuela.

También se pintaban fachadas y paredes con motivos de la naturaleza: animales, plantas… dibujos sencillos, pero llenos de vida, hechos con ilusión.

Algunas de esas pinturas todavía resisten el paso del tiempo. En pueblos como Noviercas o Pozalmuro siguen ahí, como pequeños recuerdos que se niegan a desaparecer.

En Almazul fue de las últimas veces que se celebró aquel día —quizá la última o la penúltima—. Se pintó la fachada del Ayuntamiento, pero con los años y las reformas, todo aquello se perdió.

Y sin embargo, al ver aquella fotografía, uno se da cuenta de que no se ha perdido del todo.

Porque hay cosas que desaparecen de las paredes… pero no de la memoria.

 



 

domingo, 5 de abril de 2026

Caluroso día de Domingo de Pascua

Después de unos días de viento y frío, este domingo Almazul ha amanecido con 4º C. Sin embargo, la temperatura ha subido mucho como para ir hasta en manga corta, sobretodo a la hora de la procesión para quitar el luto a la Virgen del Rosario.

A pesar de no haber habido misa por diversos motivos, los almazuleños a las 12:00 horas han ido cantando hasta la Ermita de la Soledad para deslutar a la Virgen después de una puja.

Hay veces en las que el ser humano busca a Dios en lo lejano, en lo inalcanzable, en lo que parece que está más allá de las nubes y del tiempo, y sin embargo Dios habita también en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que nos rodea cada día sin que apenas nos demos cuenta. Está en el silencio de la mañana, en la sonrisa limpia de un niño, en el canto de una golondrina que vuelve cada primavera, en el aire que mueve los árboles y en la tierra que vuelve a florecer. Está fuera, en la naturaleza y en la vida, pero también está dentro, en lo más profundo de cada uno de nosotros, en la conciencia, en la bondad, en la capacidad de perdonar, de ayudar y de levantarnos cuando caemos.

Cristo resucitó y, aunque no lo veamos con los ojos, camina entre nosotros. Está en las personas que hacen el bien sin esperar nada a cambio, en quien consuela, en quien acompaña, en quien sufre en silencio y aun así sigue adelante. En estos tiempos de incertidumbre, de guerras, de ruido y de prisas, puede parecer que hemos perdido muchas cosas, pero hay algo que nunca se pierde: la esperanza. La esperanza es esa luz pequeña que nunca se apaga del todo, porque mientras haya fe, mientras haya amor, mientras el ser humano sea capaz de mirar al cielo y también al corazón, Dios seguirá estando entre nosotros.

Y junto a esa esperanza, muchos sienten el amparo silencioso de la Virgen de la Soledad, esa madre que acompaña en los momentos difíciles, en la preocupación, en la enfermedad, en la incertidumbre y en el miedo. La Virgen de la Soledad representa a todas las madres que sufren en silencio, que esperan, que rezan y que no abandonan nunca. Por eso, aunque el mundo cambie y a veces parezca que todo se tambalea, siempre queda algo firme: la fe sencilla, la esperanza humilde y la certeza de que no estamos solos, de que, de una forma que a veces no entendemos, alguien nos cuida y camina a nuestro lado.