La lluvia impide la procesión de la Bendición de Campos, pero no la devoción
Este año, como tantas veces ocurre en el campo, ha sido el cielo quien ha marcado el ritmo de nuestras tradiciones. La lluvia, persistente y generosa, ha impedido la celebración de la tradicional procesión de la Bendición de Campos, uno de esos actos sencillos pero profundamente arraigados en la vida del pueblo.
La coincidencia ha querido, además, que esta jornada tan señalada se celebre en el Día de la Madre, una fecha cargada de significado que, de alguna manera, también ha estado muy presente en el ambiente. Porque si hay algo que representa la madre es el cuidado, la entrega silenciosa y constante, ese estar siempre ahí sin hacer ruido, como tantas veces hace también la tierra.
A pesar de no haber podido salir en procesión por los caminos y cultivos, la esencia de esta costumbre no se ha perdido. La devoción sigue viva entre los vecinos, que han sabido mantener el espíritu de la jornada desde otro enfoque, con recogimiento y respeto. Igual que una madre cuida de los suyos sin necesidad de grandes gestos, nuestras tradiciones permanecen firmes incluso cuando las circunstancias obligan a cambiarlas.
Y es que, precisamente, la lluvia —causa de la suspensión— también es motivo de esperanza para el campo. Según los datos del SAIH, hoy han caído alrededor de 8 litros por metro cuadrado, que se suman a los 15 litros recogidos durante la jornada de ayer. Una aportación de agua que, lejos de ser un inconveniente, supone un alivio para la tierra en estas fechas.
No deja de ser curioso que, en el Día de la Madre, sea la propia madre naturaleza la que se haga presente de forma tan clara. Esa otra madre que, silenciosa y paciente, sostiene la vida, alimenta los cultivos y marca los tiempos sin atender a calendarios ni tradiciones humanas.
Así, lo que en un primer momento parecía un contratiempo, se transforma en una bendición distinta: no la que recorre los campos en procesión, sino la que cae del cielo y empapa la tierra. Una bendición que, en un día como hoy, nos recuerda que hay muchas formas de cuidar, de dar y de sostener.
Porque, al fin y al cabo, tanto las madres como la tierra comparten algo esencial: su capacidad infinita de dar vida.
Fotografías de Félix.




















































































