domingo, 5 de abril de 2026

Caluroso día de Domingo de Pascua

Después de unos días de viento y frío, este domingo Almazul ha amanecido con 4º C. Sin embargo, la temperatura ha subido mucho como para ir hasta en manga corta, sobretodo a la hora de la procesión para quitar el luto a la Virgen del Rosario.

A pesar de no haber habido misa por diversos motivos, los almazuleños a las 12:00 horas han ido cantando hasta la Ermita de la Soledad para deslutar a la Virgen después de una puja.

Hay veces en las que el ser humano busca a Dios en lo lejano, en lo inalcanzable, en lo que parece que está más allá de las nubes y del tiempo, y sin embargo Dios habita también en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que nos rodea cada día sin que apenas nos demos cuenta. Está en el silencio de la mañana, en la sonrisa limpia de un niño, en el canto de una golondrina que vuelve cada primavera, en el aire que mueve los árboles y en la tierra que vuelve a florecer. Está fuera, en la naturaleza y en la vida, pero también está dentro, en lo más profundo de cada uno de nosotros, en la conciencia, en la bondad, en la capacidad de perdonar, de ayudar y de levantarnos cuando caemos.

Cristo resucitó y, aunque no lo veamos con los ojos, camina entre nosotros. Está en las personas que hacen el bien sin esperar nada a cambio, en quien consuela, en quien acompaña, en quien sufre en silencio y aun así sigue adelante. En estos tiempos de incertidumbre, de guerras, de ruido y de prisas, puede parecer que hemos perdido muchas cosas, pero hay algo que nunca se pierde: la esperanza. La esperanza es esa luz pequeña que nunca se apaga del todo, porque mientras haya fe, mientras haya amor, mientras el ser humano sea capaz de mirar al cielo y también al corazón, Dios seguirá estando entre nosotros.

Y junto a esa esperanza, muchos sienten el amparo silencioso de la Virgen de la Soledad, esa madre que acompaña en los momentos difíciles, en la preocupación, en la enfermedad, en la incertidumbre y en el miedo. La Virgen de la Soledad representa a todas las madres que sufren en silencio, que esperan, que rezan y que no abandonan nunca. Por eso, aunque el mundo cambie y a veces parezca que todo se tambalea, siempre queda algo firme: la fe sencilla, la esperanza humilde y la certeza de que no estamos solos, de que, de una forma que a veces no entendemos, alguien nos cuida y camina a nuestro lado.